El Renacimiento y sus interpretaciones

Abstracto

El Renacimiento del siglo XIV al XVII en Europa Occidental, marca una era crucial impulsada por el humanismo. Este término se precisó en 1860 con “La Civilización del Renacimiento en Italia” de Jacobo Burckhardt, aunque sus raíces se remontan al siglo XVIII. A diferencia de otros períodos etiquetados como renacimientos, este se distingue por su carácter de ruptura que alteró el pensamiento medieval, promoviendo transformaciones intelectuales y sociales significativas. El humanismo renacentista se enfocó en revivir la literatura grecolatina clásica, destacando una renovada perspectiva humana. Originado en Italia, se extendió al norte de Europa, con figuras como Petrarca y Boccaccio liderando el movimiento. Este período también experimentó un regreso al neoplatonismo, moldeando el idealismo moderno. Eventos clave, como el Papado de Avignon, la Guerra de los Cien Años y la Peste Negra, erosionaron la fe en la Iglesia Católica y en las estructuras políticas. Los siglos XV y XVI trajeron avances científicos como la imprenta y los descubrimientos de Copérnico y Galileo, impulsando aún más la transición hacia la modernidad. El giro antropocéntrico del Renacimiento trasladó el enfoque del dominio divino al humano y natural. Pensadores como Pico de la Mirandola y Giordano Bruno subrayaron la autodeterminación y la conquista de la naturaleza. Este período sentó las bases para la ciencia moderna y fragmentó la visión medieval unificada, conduciendo a una visión utilitaria de la naturaleza y una filosofía centrada en el hombre. Aplicando el concepto de cambio de paradigma de Thomas Kuhn, el Renacimiento representa una transformación en la historia del pensamiento. El paradigma medieval se derrumbó lentamente, fragmentando la comunidad científica de su tiempo y conduciendo a distinciones modernas como Iglesia-Estado y ciencia positiva-negativa. El mundo metafísico dio paso al verificacionismo, con avances tecnológicos reforzando este cambio. El hombre se volvió autorreferencial y dominó la naturaleza, adoptando una visión utilitaria. El solipsismo cartesiano emergió como el nuevo paradigma, moldeando la modernidad.

Palabras clave: renacimiento, humanismo, modernidad, antropocentrismo, paradigma, escolástica, neoplatonismo

Renacimiento: concepto histórico y características

Se entiende el Renacimiento como la etapa histórica de Europa occidental que se da entre los siglos XIV y XVII[1], impulsada por el movimiento cultural humanista. Sin embargo, el término no cobra un sentido preciso hasta 1860 con la publicación de Cultura del Renacimiento en Italia por Jacobo Burkhardt que según Ortega y Gasset, ya «andaba vagando desde Vasari con significaciones indecisas».[2] En la introducción de su edición del Diálogo de la dignidad del hombre del humanista renacentista español del siglo XVI— Hernán Pérez de Oliva, los editores sostienen que este término ya rondaba en Francia en el siglo XVIII en escritos atribuidos a Vico, Brucker, Voltaire y Benitelli.[3] Autores como José Luis Fernández y María Jesús Soto Bruna añaden que el concepto de renacimiento ha sido utilizado para señalar al menos otros tres períodos históricos en el transcurso del medioevo.[4] Pero ¿en qué se diferencia el Renacimiento de estos otros, sobre todo en cuanto a la historia del pensamiento? Los autores argumentan que la distinción se encuentra en su característica de fisura, de cuánto rompe con el pensamiento que lo había precedido.[5] Se puede decir que durante este período ha habido, por utilizar el término de Thomas Kuhn, un cambio de paradigma[6] que tendrá consecuencias significativas no solo en el desarrollo del pensamiento, sino en cómo este irá permeando cada estrato y dimensión de la sociedad de Europa occidental.

El Renacimiento tiene como «alma mater» el humanismo renacentista cuyo núcleo originario estuvo en el redescubrimiento de la literatura grecolatina de la antigüedad. [7] Se caracteriza por el giro que se da hacia el espíritu clásico y por una renovación de la persona humana, donde se le considera que «renace a una nueva forma de vida».[8] Hay consenso de que el Renacimiento tiene su génesis en Italia de donde se extiende al norte de Europa y de donde surgen figuras como Petrarca (1304-1374), Bocaccio (1313-1375) y Coluccio Saluti (1351-1406).[9] Dentro del marco renacentista se da un regreso al neoplatonismo mediado por las interpretaciones helenísticas y medievales que se aparta de la interpretación tradicional y conduce a características del idealismo moderno.[10]

Trasfondo histórico

El trasfondo filosófico principal es la crisis que se da por el pensamiento de Guillermo de Ockham (1295-1350) que provoca una ruptura entre lo que se había sintetizado en el siglo XIII como una filosofía cristiana.[11] Esta se había caracterizado por haber llegado a un consenso casi universal sobre lo principios metafísicos fundamentales donde se entiende al hombre como capaz de elevarse e ir más allá llegando hasta la realidad del Absoluto.[12] En breve, se había llegado a un entendimiento sobre el lugar de la teología natural como coronación de la metafísica y su vínculo con la teología dogmática.[13] Junto a esto, se dan una serie de acontecimientos significativos en Europa occidental en el siglo XIV que contribuirán a dar paso al espíritu renacentista que luego conducirá a la modernidad. Estos incluyen el cisma de Avignon, la Guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia, y la Peste Negra entre otros.[14] Estos acontecimientos irán sembrando duda sobre verdades fundamentales y erosionando la confianza que se tenía en la Iglesia Católica y el poder político con el cual estaba íntimamente vinculada. Durante los siglos XV y XVI también se llegan a dar una serie de saltos cualitativos en el conocimiento dentro de las ciencias naturales que incluirán el descubrimiento del Nuevo Mundo, la invención de la imprenta y los descubrimientos astronómicos de Copérnico, Galileo y Kepler los cuales abrirán paso a la modernidad plena del siglo XVII. Estos eventos le ponen punto final a la cosmología aristotélica que había perdurado casi dos mil años.[15] Por último, no se puede dejar de mencionar la Reforma Protestante iniciada por Martín Lutero que terminará con la hegemonía sobre la verdad que había mantenido la Iglesia Católica por siglos, y, dará inicio a las múltiples guerras de religión que azotarán a Europa en el tiempo consiguiente. En resumen, se puede argumentar que este es un período donde se pierden horizontes que hasta entonces habían sido certeros y fijos. No es sorprendente entonces que el pensamiento, en su búsqueda de respuestas en medio de esta crisis, empezara a alejar su mirada de Dios y comenzara a enfocarse sobre sí mismo, sobre el hombre y su dominio— la naturaleza.

El giro antropocéntrico

El Renacimiento se caracteriza por su giro antropocéntrico desde el teocentrismo medieval. Para hacer un análisis de este cambio, habrá que hacer un pequeño repaso de cómo se había concebido el hombre hasta ese momento. Desde el principio, el cristianismo había mantenido la idea del judaísmo que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios. Dentro de este esquema Él le ha encomendado una tarea—la de trabajar la tierra mientras se somete a la Voluntad Divina.[16] A esto, los Padres de la Iglesia añadirán la idea de persona y de dignidad intrínseca, en parte influenciada por el código de derecho romano.[17] Boecio en su respuesta a las herejías de Eutiques y Nestorio, llegará a decir que persona es una sustancia individual de naturaleza racional.[18] Sobre este matiz boeciano, santo Tomás de Aquino añadirá que el hombre es sustancia espiritual de naturaleza intelectual lo cual permite la participación también a los ángeles y a Dios en dicha descripción.  Esto ayuda a comprender mejor la idea del Verbo antes de la Encarnación como también las otras dos Personas de la Trinidad.[19] Además, esta noción da paso a que el hombre pueda conocer mediante la revelación Divina y el intelecto; una forma perfecta de conocimiento que no requiere raciocinio. Por tanto, la definición de persona ya no solamente queda limitada a las criaturas materiales, sino que se extiende a las espirituales y al Creador también.[20] Escribiendo sobre el medioevo, Alain de Libera sostiene que entender al hombre por su dignidad, que está por encima de las otras criaturas de la naturaleza, nos ayuda a entender que la persona tiene una característica similar a la nobleza. Pero esto, lejos de invitar al hombre a una emancipación de Dios, le invita a una perfecta sumisión a la Voluntad Divina.[21] En resumen, desde los principios del cristianismo hasta el siglo XIII-XIV, se ha ido desarrollando una concepción del hombre como persona y como criatura privilegiada dentro del orden creado cuya plenitud se encuentra en su sometimiento a la Voluntad Divina y al Absoluto y que no podrá entenderse a sí misma sin su Creador.

El antropocentrismo del Renacimiento no implica que descarte de manera completa esta visión ya mencionada, o por ende a Dios o el lugar de la Iglesia como mediadora entre la Verdad revelada y el hombre, pero estos pasarán a un plano distinto. Ya Ramón de Sibiuda, escribiendo en el siglo XV e insertándose en las llamadas «filosofías de la concordia» que buscaban superar la crisis de la Iglesia tras el cisma de Avignon, propondrá que el hombre podía alcanzar por vía experiencial el conocimiento propio como también las verdades necesarias para salvarse. Sibiuda llega hasta proponer que para alcanzar estas verdades al hombre le bastarían tan solo su tratado— El libro de las criaturas y las Santas Escrituras.[22] Vemos en esta tesitura ya los matices distantes de lo que será el pensamiento protestante del siglo XVI—a saber, sus preceptos de sola fide y sola scriptura. El hombre no necesitará a la Iglesia de manera necesaria para salvarse, conocerse a sí mismo o conocer a Dios.

Por otra parte, Pico de la Mirandola sostendrá que el hombre ha sido creado por Dios, pero que tiene capacidad de configurarse a sí mismo. En este sentido, el hombre es además creador de sí mismo y no está sometido a «cauces angostos», sino que puede definir su naturaleza según su propio arbitrio.[23] Este antropocentrismo tomará un giro mucho más radical en el pensamiento de Giordano Bruno, quién alejándose de los remanentes escolásticos sostendrá que el hombre tiene un carácter conquistador, donde «pudiendo formar con su inteligencia otras naturalezas, otros cursos, otros órdenes, con esta libertad, sin la cual no habría semejanza con la Divinidad, se convirtiera en dios de la tierra».[24] No es de extrañar que a Bruno se le considere el primer padre de la ciencia moderna, ya que como se puede distinguir en el texto, su pensamiento esgrime la visión del hombre como el que domina y somete a la naturaleza según sus designios, algo que tendrá primacía en la ciencia experimental del siglo XVII. Ortega y Gasset sostendrá que el Renacimiento es en verdad una crisis histórica, la mayor que ha pasado Europa y que llega a su fin en Galileo y Descartes.[25] En Galileo, porque del juicio que padece a causa de sus descubrimientos por parte de la Iglesia, queda sellada la ruptura epistemológica entre fe y la ciencia experimental. Y dado que sus descubrimientos se basan en la precisión y exactitud matemática, esta precisión marcará el ritmo de lo que será el método científico cartesiano. Será Descartes el que elevará esta precisión de conocimiento a la más alta de las virtudes pero que terminará relegando al hombre a un solipsismo filosófico y a un escepticismo existencial fuera de su cogito. Pues el hombre es, ante todo, res cogitans lo cual significa  que hay seguridad en primer estancia solo con respecto a la propia existencia, y toda filosofía ha de partir de este primer fundamento.

Interpretaciones

Retomando el término de Thomas Kuhn, se puede argumentar que el Renacimiento fue en sí un cambio de paradigma. Kuhn utiliza este término para explicar que en las ciencias empíricas, el paradigma es una orientación teórica específica, basada en una epistemología y metodología de investigación particular, que refleja a una comunidad científica particular en un momento histórico específico.[26] Según él, un paradigma enmarca y dirige la naturaleza y el tipo de investigaciones que se generan dentro de esa orientación teórica, así como también proporciona la base fundamental para evaluar los resultados de la investigación generada. Esto sucede hasta que nuevos descubrimientos surgen y retan el paradigma reinante ante lo cual, muchos de sus adherentes los rechazarán. Sin embargo, a medida que estos descubrimientos van siendo confirmados, se va creando un paradigma nuevo hasta que llega a establecerse como el paradigma reinante. Si aplicamos este concepto a la historia del pensamiento, vemos que lo que se da en el Renacimiento es el desmoronamiento lento del paradigma del pensamiento medieval. Si bien este había marcado la orientación teórica, metodológica y epistemológica dentro del cual se había desarrollado el pensamiento medieval, tanto los acontecimientos mencionados, como los nuevos descubrimientos serán semillas del nuevo y emergente paradigma de la modernidad. La comunidad científica de su tiempo, que en su momento no hacía distinción entre ciencias experimentales y no experimentales, comienza a fragmentarse lentamente, lo cual desembocará luego en las separaciones de Iglesia-Estado, ciencia positiva-ciencia negativa, hechos-valores, en fin llegan los reduccionismos de la modernidad. En el Renacimiento vemos los primeros gérmenes de lo que será esta modernidad en cuanto al lugar del hombre, de Dios y de la naturaleza. El mundo metafísico se empieza a eclipsar dando paso al mundo del verificacionismo que es reforzado por el éxito que se obtiene por medio de los avances tecnológicos. Al apartarse de Dios, el hombre deja de ser una simple criatura privilegiada y se convierte cada vez más en dios—en un ser capaz de dominar y moldear la naturaleza según sus designios. Se vuelve autorreferencial y como decía Protágoras, se vuelve la medida de todas las cosas. Como sostendrá Gilson, al empezar a perder a Dios se empieza a perder el hombre.[27] El solipsismo cartesiano se convertirá en el nuevo paradigma, del cual como argumentan muchos, no hemos salido todavía. En ello, la naturaleza se llega ver principalmente de manera utilitaria y el medio por el cual el hombre alcanzará el progreso, aunque no se sepa que es ese progreso en última instancia como sostiene Remi Brague.[28]

Bibliografía

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WEB

https://www.lib.uidaho.edu/digital/turning/PDF/Kuhn’s%20Paradigm%20Shifts.pdf – Accedido 24 de mayo, 10:09pm


[1] Kristeller, P. O., (1982) ‘El pensamiento renacentista y sus fuentes’, trad. Patán López, F., Fondo de Cultura Económica, México, pg. 33

[2] Ortega y Gasset, J., (1967) ‘En torno a Galileo: Esquema de las crisis’, 3ª edición, Madrid, pg.16

[3] Pérez de Oliva, H., (eds.) del Pino González, E.  y Villegas Gutiérrez, F., (2011) ‘Diálogo de la dignidad del hombre’, Ediciones de la Fundación Altair, Sevilla

[4] Fernández, J. L. & Soto Bruna, M. J., (2017)‘Historia de la filosofía moderna’, Círculo de Lectores, Barcelona, pg. 15: Según los autores, estos tres renacimientos suponen una incorporación de la cultura clásica que se dan, primero durante el renacimiento carolingio del siglo IX, seguido por el renacimiento del humanismo del siglo XII y por último, el redescubrimiento de la ciencia griega del siglo XIII.

[5] Ibid

[6] https://www.lib.uidaho.edu/digital/turning/PDF/Kuhn’s%20Paradigm%20Shifts.pdf – Accedido 24 de mayo, 10:09pm

[7] Gilson, E. (1965) ‘La filosofía en la Edad Media: desde los orígenes patrísticos hasta el fin del siglo XIV’, 2da edición, trads. Pacios, A. & Caballero, S., Editorial Gredos, Madrid

[8] Fernández, J. L. & Soto Bruna, M. J., (2017), pg. 15

[9] Pérez de Oliva, H., (eds.) del Pino González, E.  y Villegas Gutiérrez, F., (2011) ‘Diálogo de la dignidad del hombre’, Ediciones de la Fundación Altair, Sevilla, pp.9-10

[10] Fernández, J. L. & Soto Bruna, M. J., (2017), pg. 18

[11] Ibid

[12] Ibid, pg. 15

[13] Ibid

[14] Brotton, J. (2006) ‘The Renaissance: A Very Short Introduction’, OUP, London

[15] Artigas Mayayo, M., (1985) ‘Ciencia, razón y fe’, Libros MC, Madrid, p.15

[16] Génesis 1:26

[17] García Cuadrado, J. A., (2010) ‘Antropología filosófica: Una introducción a la filosofía del hombre’, 5ta edición, EUNSA, Pamplona

[18] Cruz Cruz, J. (1981) Fernández, Clemente, S. I., ‘Los filósofos medievales. Selección de textos’, B.A.C., Madrid, vol. I: Filosofía patrística, árabe y judía (1970, 753 págs.); vol. II: De Escoto Eriúgena a Nicolás de Cusa (1980, 1.257 págs.). Anuario Filosófico, 14(2), 220-222

[19] Santo Tomás de Aquino (1953) ‘Suma teológica II: 1 q.29 a.1,’ BAC, Madrid

[20] Ibid

[21] de Libera, A. (1991) ‘Pensée au Moyen Age’, Seuil, París

[22] Lázaro-Cantero, R. (2018) ‘Vox naturae, vox rationis, vox fidei: un diálogo entre Ramón Sibiuda y Michel de Montaigne’ en Lázaro Pulido, M., León Florido F. &  Montoro Montero, E., Eds. (2018) ‘Pensar la Edad Media cristiana: la presencia de la teología medieval en el pensamiento moderno’, Sindéresis, Madrid, pp.357-383

[23] de la Miradola, P.  (2020) ‘Discurso sobre la dignidad del Hombre’, Arpa C Alfil Editores, Barcelona

[24] Bruno, G. (1985) ‘Spacccio della Bestia Trionfante’, Rizzoli, Milano

[25] Ortega y Gasset, J. (1967), pg.15

[26]

[27] Gilson, É. (1955) ‘Humanisme Médieval et Renaissance’, Vrin, Paris

[28] Brague, R. (2016) ‘El reino del hombre: génesis y fracaso del proyecto moderno’, trad. Millán Alba, J. A., Ediciones Encuentro, Madrid