Ya no veré tus días cálidos,
alegres y desbordados
No veré más tus regocijos,
tus ansiedades pegatinas
No veré más tus noches en vela
tus sudores agrios.
Ya no veré más tus espejismos incrustados en las lozas esbozadas de tu bitumen.
No subirán más a mi ventana
los rubores del gentío
sus palabras precoces
cual si fueran gérmenes al viento
Pues ahora marchan las grullas
y se acercan a mí
caminos fríos
como tus andanzas.
Y empieza así a esclarecer
los matices de la sombra
y el consuelo cierto de una hoguera.
C. Alberto