Hispania VI

Bebo tus últimos paisajes por mi ventana,
como torrentes rizados que no conquistaré,
como amores lejanos disidentes,
como agua que rezuma tus desiertos

Y te digo:
que hoy mi corazón se desprende de ti
sin quererlo
porque sólo así se te puede amar España:
cuna y laurel,
zarza punzante en flor,
sin respuestas,
sin reciprocidad

A ti sólo se te puede amar
con las manos atadas al pecho,
con la voluntad bajo tus rubros negros,
y tus soles prietos
bajo tu mirada severa,
traída de lejanías crecientes
por las artes fenicias del trueque y del malabar,
rendidas en vela,
en bronce
en sudores de oro

Te amo porque no me amas
te amo con la misma sed
con que la lluvia bebe tu aridez,
con la fuerza infatigable de tu progenie:
aquel pálido verdor terco de tu estepa

Es así que entrego
mi devoción a tu desdén,
mi alma dilatada a tu desidia,
mis oraciones de humo a tus altares

Recibe entonces mi adiós en tregua:
mi ilusión, mi fervor, mi desencanto;
aquello que engendraste en mí
como germen de ensueño —hoy vuelto ofrenda;
aquella tu semilla virginal:
de una entraña y un lucero,
de un beso sincero
de una zarza que hoy olvido en flor

C. Alberto