La luz tenue y mellada
pregona del día mortal,
en un rayo suspenso,
un momento,
vaciado de pena
de quejumbre,
de deseo solapado,
de esperanzas mustias
A su entorno,
juegan el sol, la lluvia
el gris azul,
la aurora clementina que me persigue al infinito
desvelando un cuento olvidado
de un país que aún no existe
Frente a la hoguera del comal
en nostalgia errante colgado
un recuerdo,
este momento,
que es memoria y hoy,
la de los duendes entre la niebla,
la del bosque húmedo tejido entre riachuelos;
la del cafeto en faldas del volcán,
la de tierra negra,
criolla y mestiza
la del aroma a café y a pan
de la nube del pájaro y del reino cuya ley
aún palpita incesante en mi.
Es así como desciende
en medio de mis días fugaces
cada tarde
este momento
He aquí sus vítores y duelos:
Soy hijo suyo y de sus conjuros;
sujeto de su yugo,
súbdito de lo cercano y lo inalcanzable.
¿Qué han sido mis amores sino,
este momento vertido al infinito?
Y es así como surge cada tarde
la voz de un niño olvidado
que me invita a jugar ante altares,
y a las puertas mismas del cielo
C. Alberto