Noche

Me trae una vez más
la carretera,
la incandescente soledad
escurrida de lluvia,
de caminos apropiados
por aquellos viejos
obreros nocturnos
que mudan anhelos fugaces

La noche aquí
va siempre sola,
aunque la acompañen
el relámpago, el horizonte
y la tormenta del desierto
que trae consigo
los espejismos del día
y del tedio humano.

Dos senderos blancos
marcan un único camino
hacia los bajos,
hacia tierra,
pues ahora son otros los fenicios
que descargan sus penas
a las orillas de un río cualquiera.

Ya pronto se hará día
y gritarán las lumbreras
y surgirán de la noche
aquellos centinelas
de verde anímico,
que se pierden en el cielo débil
y en la bruma que efervesce
los sueños de los antiguos.

Y bajaremos,
como han bajado siempre los riachuelos;
y dormiremos en el mar de media tierra,
como han dormido siempre
las aguas túrbidas de tierra adentro.

Y descansaremos entre amigos,
entre cerveza y la pulcra poesía
de la obra menester del día,

y tocaremos las cuerdas de lo sacro
entre sonrisa y suspiro,
y clausuraremos el día con vísperas
y una oración serena
sobre la mesa de pan y vino,
con el corazón nacido en la noche,
esclarecido por la fe de la mañana
y por el sol que nace de lo alto.

Y dejaremos palabras al viento
a nuestra progenie,
y sus ecos se escucharán
cuando vuelva a rugir el relámpago
en el desierto sin fin
de la noche sola

C. Alberto